domingo, 19 de octubre de 2008

Bobbitbra strikes back.

Estamos seguros de que sin lastres la vida pesa lo que una pluma. Y entonces, elevando los ojos seguros de nosotros mismos, se unen en una sola esfera la necesidad de parpadear y observar al mismo tiempo. Oh, qué paradoja, qué hermosos los días en los que la lluvia era sinónimo de frescor y los dientes no sólo destrozaban la carne asada del tío Helmut. Oh, qué cierto era aquello del carpe diem y las verduras gratinadas en el jardín. Y los capítulos repetidos en verano, y las sábanas con olor a mousse de chocolate. Qué gozada pasear sin huellas en el camino, acompañados de las musas y las fragatas en el horizonte.
Qué bello todo aquello, qué rima más manida y qué vestido tan ceñido. Las palabras duran lo que dura la vida, y las circunstancias...las circunstancias son como las multas de tráfico: nadie se las toma en serio hasta que un día tienes que pagarlas.
Ey ey, sólo son pajas mentales. Don't blame it on me, buddy.

1 comentario:

Ba dijo...

Las palabras duran menos de lo que dura la vida, y eso las pone en una urgencia mínima. Altar para el hecho. Quién necesita las palabras si ninguna acción posterior va a ocurrir... son también como las multas de tráfico


:*