Estamos seguros de que sin lastres la vida pesa lo que una pluma. Y entonces, elevando los ojos seguros de nosotros mismos, se unen en una sola esfera la necesidad de parpadear y observar al mismo tiempo. Oh, qué paradoja, qué hermosos los días en los que la lluvia era sinónimo de frescor y los dientes no sólo destrozaban la carne asada del tío Helmut. Oh, qué cierto era aquello del carpe diem y las verduras gratinadas en el jardín. Y los capítulos repetidos en verano, y las sábanas con olor a mousse de chocolate. Qué gozada pasear sin huellas en el camino, acompañados de las musas y las fragatas en el horizonte.
Qué bello todo aquello, qué rima más manida y qué vestido tan ceñido. Las palabras duran lo que dura la vida, y las circunstancias...las circunstancias son como las multas de tráfico: nadie se las toma en serio hasta que un día tienes que pagarlas.
Ey ey, sólo son pajas mentales. Don't blame it on me, buddy.
Qué bello todo aquello, qué rima más manida y qué vestido tan ceñido. Las palabras duran lo que dura la vida, y las circunstancias...las circunstancias son como las multas de tráfico: nadie se las toma en serio hasta que un día tienes que pagarlas.
Ey ey, sólo son pajas mentales. Don't blame it on me, buddy.
1 comentario:
Las palabras duran menos de lo que dura la vida, y eso las pone en una urgencia mínima. Altar para el hecho. Quién necesita las palabras si ninguna acción posterior va a ocurrir... son también como las multas de tráfico
:*
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