La noción de equilibrio, implícita en su espalda, tan recta como su conducta, tan larga como su experiencia.
Y desde ese altar que son sus hombros puedo observar la grandeza de la playa, las nubes agrupadas en círculos, los niños desnudos cubiertos de sal. Y es entonces cuando respiro, y como consecuencia obtengo granos de arena, latas desgastadas y espuma maloliente recorriendo mi pituitaria. ¿Qué hacer? Difícil solución. Desde aquí no toco el suelo, pero tampoco floto. Desde aquí, todo es imposible, y a la vez, nada me aprisiona.
Soy la imagen de una postal, la verdadera razón de las visitas inesperadas, la muerte disfrazada de tarta de cumpleaños.
Dentro de mí sólo se revuelven los residuos de las acciones más abyectas, manteniendo una agitada conversación con mis vísceras, desgarrándome sin consideración, curtiendo las paredes que rodean mis miedos...
Balancearte sin encontrar el balance. Dormir con la luz encendida. Sumergirte en el barro...y nadar más allá de lo conocido. Nadar más allá de las fotografías, las caras y los gestos, los labios y los senos, las mentiras mal disimuladas. Los ojos empapados en formol.
Buscar lo antiguo, lo oculto, lo desterrado. Evocar.
Buscar, buscar, buscar...y preguntarse las clásicas estupideces que un humano se pregunta.
La divagación nace del egoísmo más extremo, de la subjetividad más obscena.
Y eso es tan inevitable como estupendo.
Y desde ese altar que son sus hombros puedo observar la grandeza de la playa, las nubes agrupadas en círculos, los niños desnudos cubiertos de sal. Y es entonces cuando respiro, y como consecuencia obtengo granos de arena, latas desgastadas y espuma maloliente recorriendo mi pituitaria. ¿Qué hacer? Difícil solución. Desde aquí no toco el suelo, pero tampoco floto. Desde aquí, todo es imposible, y a la vez, nada me aprisiona.
Soy la imagen de una postal, la verdadera razón de las visitas inesperadas, la muerte disfrazada de tarta de cumpleaños.
Dentro de mí sólo se revuelven los residuos de las acciones más abyectas, manteniendo una agitada conversación con mis vísceras, desgarrándome sin consideración, curtiendo las paredes que rodean mis miedos...
Balancearte sin encontrar el balance. Dormir con la luz encendida. Sumergirte en el barro...y nadar más allá de lo conocido. Nadar más allá de las fotografías, las caras y los gestos, los labios y los senos, las mentiras mal disimuladas. Los ojos empapados en formol.
Buscar lo antiguo, lo oculto, lo desterrado. Evocar.
Buscar, buscar, buscar...y preguntarse las clásicas estupideces que un humano se pregunta.
La divagación nace del egoísmo más extremo, de la subjetividad más obscena.
Y eso es tan inevitable como estupendo.

Tetas.
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