
Ojalá llegue el día en que me despierte en una habitación con olor a vivencias, persianas de colores, y el futuro llamando a la puerta. No se puede quejar una de las circunstancias, las personas o el olor del retrete, porque se hace imposible avanzar hacia ese amanecer planeado de mil modos distintos en la mollera.
Por imaginar, imagino una ciudad enorme a mis pies, del tamaño de Londres, Madrid o el asteroide B612, dispuesta a ser recorrida cámara en mano, sin vergüenza alguna ni prisa por quemarme las suelas de los zapatos.
Por esperar, espero salir pronto de este lugar, encantador pero encorsetado. Y descubrir las nuevas connotaciones de todos los verbos que me permiten seguir existiendo, como "sentir", "respirar", "descubrir" o "vivir".
Por tener, tengo fe, más difícil de perder que un billete de veinte euros o la tan socorrida virginidad.
Siempre se acaba demostrando que los textos repletos de ansias personales no son mi fuerte. Escribir sobre frustraciones es tarea de los beatniks, las marujas y los dueños de MySpace, es algo de lo que tengo que ser muy consciente.
De momento, solamente puedo observar prados teñidos de verde ácido, calles impolutas y señoras con un acento irritante.
¿Qué estupidez, no?
Tsk.
Por imaginar, imagino una ciudad enorme a mis pies, del tamaño de Londres, Madrid o el asteroide B612, dispuesta a ser recorrida cámara en mano, sin vergüenza alguna ni prisa por quemarme las suelas de los zapatos.
Por esperar, espero salir pronto de este lugar, encantador pero encorsetado. Y descubrir las nuevas connotaciones de todos los verbos que me permiten seguir existiendo, como "sentir", "respirar", "descubrir" o "vivir".
Por tener, tengo fe, más difícil de perder que un billete de veinte euros o la tan socorrida virginidad.
Siempre se acaba demostrando que los textos repletos de ansias personales no son mi fuerte. Escribir sobre frustraciones es tarea de los beatniks, las marujas y los dueños de MySpace, es algo de lo que tengo que ser muy consciente.
De momento, solamente puedo observar prados teñidos de verde ácido, calles impolutas y señoras con un acento irritante.
¿Qué estupidez, no?
Tsk.
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