sábado, 16 de agosto de 2008

La nit del fuck.

Las cosas mueren sin razón aparente, ya sea por causa de una enfermedad, un atropello o el hecho de dejar de cuidarlas. Hace poco me llegó un aviso instándome a revivir todo aquello que desease de vuelta en mi vida, ya fuese en forma de mascotas, objetos o personas, de un modo literal o metafórico.

"Querida K.

¿Te has parado a pensar cuántas cosas has dejado morir a tu lado sin mover un dedo? Deberías replantearte ciertos comportamientos y opiniones acerca de la raza humana y no tan humana, que sólo consiguen hacerte perder cosas realmente valiosas y emotivas. Considera mis palabras, e intenta hacer un esfuerzo por aquello que más quieres."


Tras leer la carta, elegantemente decorada con nubecillas en la cabecera, no se me ocurría nada que valiese la pena traer de vuelta a mi mundo, así que respondí casi en el acto.

"Querido Anónimo que vigila mis acciones,

Tan pronto como recibí la misiva creí oportuno devolver una respuesta franca, sincera y abierta a posibles reproches o alabanzas por parte suya. Durante una fracción de segundo consideré todos los pros y contras de recuperar ciertas parcelas de mi vida hoy caídas en desgracia, pero rápidamente me percaté de que no merecía la pena resucitar lo que ya es inservible por desgastado e inútil. Aún así, llegué a una interesante conclusión: ¿por qué dar vida a cosas que ya no me interesan lo más mínimo pudiendo dar a luz a nuevas sorpresas? Es por eso que guardo su carta con especial cariño y la doto del componente que provocó todas las muertes de aquello que en su momento quise con verdadera devoción: la peligrosísima carencia de C's-Comunicación y Cuidados."


Doblé el sobre y lo lancé bien lejos, como suelo hacer con todo aquello que me complica la vida, al tiempo que guardaba con ternura la primera de las cartas, sin esperar nada, ni tan siquiera una revelación que pusiese fin a todos los problemas que, de todos modos, no me quitan el sueño.

1 comentario:

Fet dijo...

Si es que ya son ganas de complicarle a uno/a la existencia.
Gente más mala, gensanta.